Puro cuento

Del amor cuerdo en Re

Se escurrían los músculos, pues toda la sangre se concentraba en el pecho y tanto espacio ocupaba que ni el aire cabía en los pulmones, el aliento se me escapaba entre los dientes y con él todo discurso preparado. En la parte alta de mi existencia se grababa como con cautín cada movimiento, cada parpadeo, cada brillar en los ojos tuyos y se hipnotizaban los míos con la danza taciturna de tu pelo. Todo esto si te veía en el centro comercial, corriendo en cuatro patas por las calles de París ó comiendo mi amada pasta alla bolognese en tu amada Roma.

Más ahora que estoy solo y tu perfume se me escapa en la memoria, todo cuanto hago lo repito en mi cabeza pero contigo de la mano, así cuando trabajo te imagino corrigiendo o riendo y preguntando cuanto aparece en la pantalla y cuando leo recostado la Rayuela de Cortazar, te anhelo espiando disimulada el capítulo y el verso en el que me encuentro inmerso. Y solo contigo me pasa que habiendo despertado ya, sueño con llevarte de paseo por los países y los poros, los mundos y los labios, las estrellas, los orgasmos. Entonces me doy por vencido y despertando nuevamente, deseo únicamente escuchar tu voz por la bocina, oirte pronunciar palabras como “hoy”, “verte”, “café” y correr desesperado a afeitarme, lavarme y vestirme, peinarme unas docientas veces sin éxito y por fin volar a tu encuentro. Y si resulta que te encuentro y me besas, la mejilla se transforma en la ventana que se abre y deja entrar el calor del sol hasta los pies. Y si me abrazas fuerte y dueradera, las rosas en la piel florecen de golpe y estallan en pétalos sonrientes que se pegan en mi cara de tomate. Y al final, cuando te vas, cuando arrancas el auto, cuando arrancas parte de mi corazón, se me va detrás tuyo el pensamiento, dejandome idiota, descabezado y casi muerto en plena calle. Así permanezco inmovil, medio zombi, mientras la cabeza regresa de dejarte segura instalada en tu cuarto, tan linda, tan alegre…

  • 3 October 2011