Puro cuento

No

Ayer no logré dormir, no soñé que te llenaba la boca de alcohol y los ojos de sonrisas, que perdía mis recuerdos a propósito para buscarlos entre tus dientes, que nos fumamos el patio de atrás y jugamos ajedrez con las palabras. No soñé tampoco que te morías de frío en la calle y que hubiese querido calentarte yo y no mi abrigo, que la vida se me fue un poquito en ese parque donde dijiste que habían ladrones y un ladrón te robó un beso y un ladrón me robó el aliento y quise violarte ahí mismo en ese parque, pero el parque era de ladrones no de violadores.

No soñé que temblabas de miedo y que en mi cabeza te decía “no temas, beibi” “no haré nada que no quieras” y todas las frases y ninguna de ellas porque mis labios ya no hablaban, los callabas con los tuyos. No soñé que en la oscuridad de la habitación solo veía tus pantalones blancos, no por blancos sino porque me faltaron uñas para arrancártelos y me sobraron dientes para arrebatarte gritos de la piel y te faltaron dientes para sacarme las medias y te sobraron para morderte los labios. Y no hagas eso y lo haces muy rico y ¡qué rico!

No soñé que todas las lenguas hablaban de tus poros y que tu ombligo sabía a gritos ahogados, a bocas abiertas y ojos cerrados, que el corazón cantaba tucu tucu, cantaba tucu tucu y tu culo me encantaba, que la noche se moría entre tus piernas y asesinaba tus yametengoqueir entre mis brazos, que huyeron las ropas y se escondieron bajo la cama y la cama se escondía bajo nosotros.

No soñé que me llenabas la boca de besos y los ojos de sonrisas, no soñé nada de esto porque ayer no logré dormir.

: De una mujer.

unagotitadecafe:

Quién querrá saber qué coluro de los equinoccios o solsticios estará cortando la Eclíptica, si podría adivinar en qué panadería estás pasando a un lado tu cabello buscando el monedero. Ahora no me importa que el cielo o los cristales con patas digan que estamos en invierno, si veo que hojas de…

Del amor cuerdo en Re

Se escurrían los músculos, pues toda la sangre se concentraba en el pecho y tanto espacio ocupaba que ni el aire cabía en los pulmones, el aliento se me escapaba entre los dientes y con él todo discurso preparado. En la parte alta de mi existencia se grababa como con cautín cada movimiento, cada parpadeo, cada brillar en los ojos tuyos y se hipnotizaban los míos con la danza taciturna de tu pelo. Todo esto si te veía en el centro comercial, corriendo en cuatro patas por las calles de París ó comiendo mi amada pasta alla bolognese en tu amada Roma.

Más ahora que estoy solo y tu perfume se me escapa en la memoria, todo cuanto hago lo repito en mi cabeza pero contigo de la mano, así cuando trabajo te imagino corrigiendo o riendo y preguntando cuanto aparece en la pantalla y cuando leo recostado la Rayuela de Cortazar, te anhelo espiando disimulada el capítulo y el verso en el que me encuentro inmerso. Y solo contigo me pasa que habiendo despertado ya, sueño con llevarte de paseo por los países y los poros, los mundos y los labios, las estrellas, los orgasmos. Entonces me doy por vencido y despertando nuevamente, deseo únicamente escuchar tu voz por la bocina, oirte pronunciar palabras como “hoy”, “verte”, “café” y correr desesperado a afeitarme, lavarme y vestirme, peinarme unas docientas veces sin éxito y por fin volar a tu encuentro. Y si resulta que te encuentro y me besas, la mejilla se transforma en la ventana que se abre y deja entrar el calor del sol hasta los pies. Y si me abrazas fuerte y dueradera, las rosas en la piel florecen de golpe y estallan en pétalos sonrientes que se pegan en mi cara de tomate. Y al final, cuando te vas, cuando arrancas el auto, cuando arrancas parte de mi corazón, se me va detrás tuyo el pensamiento, dejandome idiota, descabezado y casi muerto en plena calle. Así permanezco inmovil, medio zombi, mientras la cabeza regresa de dejarte segura instalada en tu cuarto, tan linda, tan alegre…